sábado, 25 de julio de 2020

"Símbolos": La tensión del mal entre las cosas





Será spoilear en gran forma, pero no veo modo de hablar de la primera temporada de la serie polaca "Znaki" (en Netflix para la Argentina "Símbolos", en España "Signos") sin hacer dos declaraciones previas, una relativa al contenido, otra a la estructura. Se trata de varios crímenes misteriosos, como todo crimen que se precie en un policial, pero hay un secreto histórico íntimamente relacionado con la índole de un imaginario pueblo de montaña en los Sudetes polacos, región cuya reivindicación fue uno de los pretextos de Adolf Hitler para anexar Polonia. Esto es lo primero. Y en lo que se refiere a la estructura, un mar de series, como el que liberó sobre el mundo el streaming, no admite temporadas que no sean redondas, es decir, que no haya personajes a punto de morir al cerrarse el capítulo octavo. Vamos a decir que el streaming desencadena también cierta ansiedad que no se consuela con otros menesteres. Justamente el concepto de "maratón", del que Netflix ya extrajo el verbo "maratonear", concierne a esa ansiedad: el maratón se hace para llegar al final donde las cosas se ordenan, se comprenden o se caen. En ese contexto, uno odia en especial la serie buena que pretende que la esperen un año. Mirando hacia atrás, no se explica cómo le tuvo paciencia a "Lost", salvo que "Lost" fue -como queda dicho en este blog- el fin de la tiranía de los guionistas. Generó tal decepción que ahora nadie concede esperas de meses o un año -a veces más- entre temporada y temporada. Pues bien: la primera temporada de "Znaki" termina con personajes en vías de morir.

  Dicho lo cual, se puede agregar que "Znaki" reitera la calidad del policial polaco. Podríamos hablar ya no solo del nordic noir sino también del polish noir, su pariente cercano por paisaje e índole de las personas. El comisario Trela, un recién llegado al pueblo (como otros policías de ficción), no se diría totalmente feo, pero no es un galán. Como otros de ficción, ha tenido problemas con la bebida, pero ahora da vuelta su vaso cuando su antecesor en el cargo lo invita con vodka. El comisario Trela (como otros policías ficcionales) tiene una hija que vive con él, no con su madre. El comisario Trela enfrenta (también él) la dura caparazón del pueblo, representada en este caso por un cura que muere de entrada, un predicador charlatán con una cara abominable que apesta, una nena tonta siniestra, un ex comisario atormentado por el supuesto suicidio de su hijo en la boca de un túnel ferroviario, un alcalde con tal facha de trujimán que desvía las sospechas por obvio, un empresario joven que promete una gran inversión, una mujer que parece mística, grandes rocas en el bosque que se dicen de druidas petrificados, huesos en una caverna. Y un asesinato. Y habrá otros. Todo esto en un contexto mayormente católico, al punto de que uno de los agentes de Trela suele rezar en latín el salmo 130 (De profundis clamavi...)

  "Znaki" no es en absoluto de esos relatos de pueblos preciosos con habitantes agradables que encierra un gran secreto. Encierra muchos secretos, es idílico de aspecto -casi se diría un conjunto de granjas entre montañas y bosques-, tiene estudiantes muy bellas y una policía que tiene lo suyo, pero su entraña siniestra está a la vista también. La supuesta beatitud del lugar queda desmentida desde la primera imagen, en que una adolescente recibe dos disparos. Y a partir de allí se puede decir que nada causa mayor efecto de distancia sobre los seres humanos que una cámara que los capta de muy cerca. Con el paisaje sucede lo mismo: de cerca es más misterioso que de lejos.
 
  No sé polaco pero, vista la primera temporada, para mí el título es "Señales". Y presten atención a la música. Juega un gran papel como comentario de la tensión que el mal provoca en las cosas.






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