sábado, 18 de julio de 2020

"Sense8": Me canto y me celebro




Las hermanas trans Lana y Lilly Wachowski (no por insidiosos decimos de entrada que son transgénero) y el escritor J. Michael Straczynski, artífices de "Sense8", parecen creer en una posibilidad de fraternidad humana profunda, basada en un desarrollo natural de ciertas propiedades del cerebro, el cual, empíricamente, encuentra esperanzas en las llamadas "neuronas espejo" y en el hecho de que la comunicación parece haber precedido al lenguaje en las comunidades prehistóricas. La historia misma ha comenzado con la lengua. Y la civilización, con las ciudades: estas son las coprotagonistas de la serie de las Wachowski. Es curioso que, cuando eran los hermanos Larry y Andy Wachowski, las ahora hermanas Wachowski tuvieran una visión desencantada de la posible evolución de la inteligencia humana hacia inteligencia artificial, según se desprende de la serie de tres películas "Matrix", cuya épica en mundos virtuales parecía recoger resonancia de la épica humana, como un eco del fondo de los siglos. "Sense8" sería en cambio un canto esperanzado, concebido artísticamente como conciertos de imágenes y sonido. Y la  esperanza incluiría que la globalización sea herramienta  de una integración, o mejor dicho, abolición de los límites entre pueblos, colores de piel, culturas y sexos, a fin de que nos convirtamos en diversidad: uno para todos y todos en uno. Si esta es la fe de las Wachowski, disimulan muy bien el mensaje, y lo digo como elogio.

   ¿Es posible que la empatía absoluta reine alguna vez, y la especie deje de gobernar sobre la especie? ¿O, como pensaban los revolucionarios hegelianos del siglo XIX, primero debe una parte de la humanidad doblegar y quitarle la vara del poder a la otra? Estemos contestes de que "Sense8" no se plantea como respuesta a semejante pregunta, sino como lo que podría ser si ciertas cosas fueran como tal vez lo sean. De ese modo, serían uno y todos el chofer de un colectivo en un barrio miserable de Nairobi y una empresaria de Seúl, con varios más. Quizá miles de millones.

   De entrada, lo dice la hindú Kala, una de estos ocho sensates (del inglés senseight): ¿Puedes creer que existe la mecánica cuántica, según la cual una partícula está aquí y en otros lugares, pero no puedes creer en Ganesha? Lo cual podría traducirse en que tanto la ciencia como aquello que Carl Sagan bautizó como "pseudociencia" (entre ellas la telepatía y la teletransportación) son posibles y hablan al mismo tiempo. De "pseudociencia" se trata, en principio el argumento de "Sense8": hay personas que puede entrar en la vida psíquica de otros, y no solo eso, sino transmitirles conocimientos y acciones físicas, de modo tal que el conductor en Nairobi de una van llamada Van Damme (por Jean-Claude Van Damme, el actor de cine de acción) pueda luchar aun mejor que su ídolo, cuando es poseído por la empresaria coreana Sun, campeona de kickboxing. Y que esta se libere de la prisión coreana en que intentan asesinarla ayudada por Wolfgang, un ladrón y peleador callejero de Berlín, y se quite la esposas gracias a la habilidad de Will, policía de Chicago (con esto no he hecho demasiado spoiler).

  Ocho son los sensates, y no serán los únicos, hubo y hay otras familias que suman miles, "quizá decenas de miles", según Jonas Maliki, sobreviviente de una de ellas. Los ocho de nuestra familia representan ocho ciudades, que son, de sur a norte y de norte a sur: México, San Francisco, Chicago, Berlín, Londres, Nairobi, Bombay y Seúl. ¿Suena esto a National Geographic? Sí, y se trata de eso: los flashes de ciudades y sus gentes en la intro de la serie -y de animales, comidas, campos, volcanes y costas- tienen ese efecto de colorido antropológico-geográfico de la gran revista de viajes y descubrimientos. Pero hay algo más: el todo como espíritu y cuerpo del uno, en una especie de Walt Whitman global. Una pérdida del uno para hacerse un "mí mismo" más grande. La primera de quien se muestra el efecto de esta revelación y sus peligros quizá no sea por casualidad Nomi, una trans de San Francisco, hacker y bloguera de la biodiversidad. Era un chico llamado Michael que devino mujer para ser lesbiana, sin que esto signifique una etapa superior del feminismo sino quizá un viaje a la totalidad de los sentidos. Nomi resuena en inglés a "no yo".

  La historia que contarán las Wachowski no es idílica. Sucede en un mundo de extrema violencia. En los límites de la sociedad y en el seno de la tradición, al mismo tiempo. El margen lo representan el alemán Wolfgang, el policía Will en los peores barrios de Chicago, los asesinos de machete y ametralladora a los que se enfrenta Capheus en Nairobi, la DJ islandesa Riley Blue, que está muy rodeada de traficantes y asesinos en Londres, y la propia Nomi, que hasta ese momento no lo sabía. La tradición es la familia de la hindú Kala, pero también la de la coreana Sun, e incluso la del policía Will. El caso de Lito, monumental galán mexicano de películas cursis de acción, que oculta su pareja gay en la vida real, es el del centro artificial de nuestras vidas: el del cine, precisamente. En tanto, ese mundo de super violencia convive con lo que llamé "conciertos de imágenes y sonido" de los que las Wachowski ofrecen al menos uno por capítulo, dos de lo mejores en un mismo capítulo: el clip de los nacimientos de los ocho el mismo día, 8 de agosto, que recuerdan mientras escuchan -en la mente de una de ellos- un concierto para piano y orquesta en Islandia, y el show de fuegos artificiales del 4 de Julio en Chicago, mirado por el policía Will y su padre desde una lancha en el lago Michigan.

  La presentación de la belleza no es aquí decorativa, encierra el instinto humano que nos lleva a amar este mundo con todo lo que contiene. Y lo que contiene lo consideramos a la vez humano y sagrado. Este es el misterio verdadero de la serie, y Nomi lo formula como tal cuando le dice a su compañera, Amanita, mientras miran la ciudad y la bahía de San Francisco en los últimos minutos de la noche: ¿Cómo podemos decir lo que sentimos por esto después de haber visto lo que vimos? Lo que vieron es el asesinato a sangre fría de varias personas y el suicidio de un descerebrado que es manejado literalmente como un zombi por una sórdida organización internacional. La sangre llegará muchas veces al río, el mismo río de las cosas que uno se encuentra amando sin saber por qué.

  Las Wachowski tienen una natural sensibilidad para la imagen, según aquí lo revelan, y nos recuerdan que, aún en el formato streaming, las series son cine, y el cine se hace de imágenes para que recuperemos y gocemos la visión de la vida cuanto podamos.   











1 comentario:

Eugenia Andreani dijo...

Comparto sin dudas la visión pero, extra, agradezco los diálogos sobre arte, (lito y nomi en el museo Nacional de México y Will con el director de la OBP en Amsterdam). Creo que agregan un vuelo poético que se suma a esos conciertos y su modo, clásico y actual, de entender el cine.
Un placer leerte acá, jorge