martes, 13 de octubre de 2020

"Post mortem": Crímenes imperfectos

La nueva serie argentina "Post mortem" rompe de manera esteticista con un elemento clave del lenguaje clásico del cine argentino: el medio plano, que en otros términos significa intimismo. Lo hace abusando del primer plano y el corte a cuchillo de tomas cenitales logradas con drones. Esto es que salta de la presencia a veces intolerable de los rostros (dicho esto como elogio) a los planos generales del universo que los contiene: la ciudad del siglo XXI. La serie es mimética en cuanto al modelo ya clásico de la serie policial internacional: ocho capítulos -estos, inusualmente cortos, de menos de 30 minutos- en los que se narran casos -investigados en esta ocasión por dos periodistas-, mientras se desarrolla en segundo plano la historia personal de los protagonistas. Sobre ese modelo labra algunos bordados propios. Aprovecha -por ejemplo- esa recurrencia del cine norteamericano al plano aéreo. Esto por un lado. Por el otro, los clisés, como la consabida oficina de los investigadores con pizarrones llenos de recortes y fotos, y la no menos consabida frase "los cuerpos hablan".

  “Post mortem” es una co-producción de Flow con StoryLab y TECtv (el canal del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación). La presencia del Ministerio en la producción se justifica por la realización de entrevistas a especialistas reales, que son formalmente filmadas por los periodistas en la ficción. No llega a ser, con esto, una serie que merezca el abominable neologismo de "docuserie": "Post mortem" más bien introduce el ensayo-ficción en la televisión argentina. Los especialistas son enfrentados todos con la misma pregunta final: ¿existe el crimen perfecto? A lo que todos más o menos responden que no, que existen las investigaciones imperfectas -más allá del deliberado ocultamiento político, cuando lo hay, cabría agregar-. La fe de los especialistas en que la imperfección, el error del criminal, es casi una ley de la naturaleza mientras que la ciencia en teoría es perfecta, resulta curiosa. En lo que respecta a las investigaciones, los periodistas de esta película están favorecidos por una argentinada: el dueño del medio tiene un amigo en la policía científica, que les permite a los chicos llegar antes que nadie a las escenas de crimen y entrar en ellas, sin sombrero ni bastón. De este modo, el portal de noticias para el que trabajan aumenta geométricamente su audiencia y el empresario se llena de plata. El perito amigo no acepta entrar en el negocio, esto es, recibir su mordida.

  En cuanto al crimen de fondo, aunque inverosímil, es creíble. Lo cual habla de la calidad general del relato. Los actores están bien, hay que decirlo, incluso muy bien, aun en lamparazos, como las apariciones de Jorge Marrale. Y el argentino que hablan se entiende sin subtítulos. Por esto también la serie es novedosa. La cuestión es que los casos se resuelven demasiado rápido. Y el final es políticamente correcto: los malos arriba de un auto y un ético solitario en la vereda. La argentinidad no podía estar ausente allí.

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Elenco: Julieta Zylberberg, Esteban Pérez, Alejandro Awada, Diego Velázquez, Rafael Spregelburd, Claudio Tolcachir, Belén Chavanne, Dario Barassi, Eugenia Alonso. Con las participaciones especiales de Juan Gil Navarro y Jorge Marrale. 

Creadores: Nacho Viale y Diego Palacio.

Dirección: Diego Palacio

Guión: Lucas Molteni y Luciana Porchietto.

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